Estas semanas me he encontrado con dos comentarios sobre IA y medicina que me han hecho recordar algunas cosas de hace dos décadas.
La semana pasada en Sumapositiva intervenía como invitado Juan Luis Hortelano hablando sobre la IA y la medicina. Un artículo muy interesante ya que además de ver la importancia de conocer como funciona un sistema para poder organizarlo e informatizarlo (y usar la IA para mejorarlo) y de como la reglamentación de la UE nos aboca a la insignificancia, muestra como la IA impacta realmente en la vida de las personas: permitiendo que curen mejor. Por cierto que cuando Juan Luis contó la parte Quibim una empresa que usa la IA para analizar imágenes médicas me cayeron algunas lágrimas por las mejillas: me acordé de un buen amigo que no está con nosotros y que fue un pionero en estos temas… Me lo apunté para contarlo en el blog.
Y hoy me he acordado de esta historia al leer una publicación en Error500 sobre IA y diagnóstico médico. Y me han vuelto a caer dos lágrimas al leerlo. Así que como decía el clásico poeta español, mientras nos acordemos de las personas éstas no estarán realmente fuera de nuestras vidas. Y estos artículos me han recordado la historia de un muy buen amigo: Javier.
Javier era familia política un poco lejana. Pero cuando lo conocí hicimos buenas migas. Era médico de familia, pero le gustaban mucho las nuevas tecnologías. Empezó a interesarse por los modernos medios de diagnóstico. Y cuando apenas se conocía compró una máquina para hacer ecografías. El decía que era de lo poco que un médico de familia podía permitirse para su consulta del pueblo. También empezó a usar la informática muy pronto. Por cierto que se convirtió en toda una eminencia en el uso de los ecógrafos. Llegó un momento en el que ganaba muchísimo más dinero dando clases de ecografía que en su trabajo de médico de familia.
Hace 20 años me llamó. Se había puesto a investigar y a la vez a hacer su tesis doctoral. El tema que había escogido era una investigación para tratar de buscar indicios de cáncer de mama usando la ecografía. Recuerdo que él opinaba que era una técnica más barata y menos invasiva que las radiografías, pero requería buscar sistemas más claros que solo el instinto y la experiencia del médico o del radiólogo. Me pidió ayuda para tratar de obtener información, patrones, estadísticas, relaciones… con la base de datos que había acumulado. Tenía 6.000 historias médicas de mujeres a las que había tratado, con las ecografías impresas en distintos momentos del tratamiento. Y también si habían cursado cáncer, fechas de inicio, tratamientos, resultados, análisis clínicos… todo también en papel. Su idea era pasarlo todo a una base de datos y luego ir buscando tendencias que le permitiesen mejorar las predicciones de desarrollar el cáncer partiendo de ecografías de las mamas.
Y la idea me encantó, además de ser estimulante intelectualmente me permitía tratar de ayudar a que otros no pasaran por perder a familiares muy cercano de cáncer.
Nos pusimos manos a la obra. En una primera fase monté una aplicación con bases de datos relacionales, para informatizar todos los historiales médicos. Pero hace 20 años la tecnología no es la de ahora. Escanear las ecografías y guardarlas en la base de datos era fácil. Pero que el software viese algo allí estaba fuera de nuestro alcance. Recuerdo que hablando con Javier, al final creamos tres vistas de la mamá y un código sobre lo que la ecografía veía en cada casa. El pasaba esa información a las tres vistas en dos dimensiones, para luego montar un modelo en tres dimensiones. Siguiendo sus instrucciones ahora el programa podía entender lo que había en esas imágenes. Y se pasó un años “digitalizando” expedientes médicos y pasando datos de las ecografías al sistema que el PC podía entender. Con otros documentos de texto si que compramos un módulo OCR y un escáner y pasábamos la información de los análisis clínicos de forma más rápida.
Casi tres años estuve colaborando con él. Ampliamos varias veces las bases de datos, cree modelos de filtros para que él tuviese fácil el buscar relaciones. Y estábamos ya viendo herramientas de análisis de datos más potentes, cuando llegó la tragedia. Javier murió de un ataque al corazón el primer día de sus vacaciones de verano. Fue algo totalmente imprevisto. Y ahí se quedaron todos los datos. La tesis doctoral empezada, la investigación a la mitad. Contacté con el director de tesis, pero me decía que no sabía como seguir su trabajo.
Viendo los dos artículos del principio, pensé todo lo que Javier podría haber hecho por sus pacientes usando todas estas herramientas modernas. Que podría haber desarrollado y haber mejorado de la salud de todos nosotros. Pero bueno es solo nostalgia y recuerdos de algo que pasó y que no volverá.