Marketing moderno, confusopolios y otras hierbas
Hoy me he encontrado una entrada en el blog de Enrique Dans muy interesante. En él habla del marketing de mínimos que se ha instaurado en nuestra sociedad actual. Pone el acento en las compañías de telecomunicaciones. Pero yo lo extendería a casi todo lo que huele a tecnología digital de consumo.
Sin ir más lejos el propio Enrique comentaba hace unas semanas un caso que me puede servir de demostración de mi aseveración: contaba que había ido a ampliar la memoria de un PC Dell y no encontraba los chips adecuados. Se trataba de un PC montado con memoria RamBus (por cierto mucho mejor explicado el tema del marketing en la entrada inglesa de la Wikipedia)
Si en lugar de acudir a Dell, un distribuidor, digamos que rápido y con mucho marketing la compra del PC Enrique la hubiese hecho en una tienda más tradicional, pues tal vez le hubiesen informado que la Rambus era una memoria muy cara y con pocas existencias (nosotros solo vendimos en nuestra tienda un PC con Rambus y después de explicárselo muchas veces al cliente). Tal vez le hubieran contado que los Intel en aquella época montaban o Rambus (muy cara y escasa) o Sdram antígua a 133 mhz. mientras los Amd montaba la DDR, superior técnicamente y más económica y fácil de conseguir.
Y ¿por qué montaba Intel Rambus con todos esos defectos? pues porque habían firmado un acuerdo con los cradores de la Rambus y durante dos años no podían montar en sus equipos DDR. Claro que Dell también tenía un acuerdo con Intel para solo montar sus procesadores… así que Rambus al canto y ahora muchas dificultades para conseguir ampliaciones.
Bueno, y si vamos a comprar tecnología a una gran superficie. Verás gente que escoge el PC por el color de la carcasa, el televisor porque combina bien con la lámpara del salón… y luego pasa lo que pasa
Pero sabeis lo que os digo, es lo que la gente quiere ahora mismo. Es decir hemos entrado en la époco de la compra por impulso puro. En la época en que uno se compra un PC o una impresora solo metiéndola en un carro de supermercado; una época en la que si tratas de explicar para que sirve algo, pues pierdes la venta. Y es algo demasiado instalado en las mentes de los consumidores para poder ser modificado. Y por cierto pienso que no es culpa de los ejecutivos de marketing de las grandes empresas; es culpa de la gente. El marketing no puede doblegar la voluntad de los consumidores, sino que se apoyan en sus querencias, para aprovecharse de ellas. Y ahora el deseo de la gente es comprar rápido y barato y si no funciona, pues ya veremos. Y si no me sirve para lo que pensaba, pues total he comprado barato. Y quieren ver muchos colores, mucha parafernalía. Así que si pretendes vender ofreciendo mejores productos, vas listo, no es eso lo que se busca hoy en día…
Bueno y lo de los confusopolios ya es algo extraordinario, es el culmén de los ejecutivos del marketing. Es una palabra inventada por Scot Adams en sus libros sobre Dilbert. Un confusopolio es un mercado donde operan pocas empresas oferentes. Y las condiciones de contratación de estas empresas son muy semejantes, pero expresadas en contratos con muchas opciones y muy complejas de desentrañar para el cliente. Así que el cliente al final escoge con quien contrata casi jugándoselo a cara o cruz. Ejemplos de confusopolios serían las compañías de telecomunicaciones (alguien sabe lo que se ahorraría si cambia de Telefónica a Movistar o a Orange) las compañías eléctricas… y pronto la venta de ordenadores será un confusopolio.








