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Madres y Padres ahorradores

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Ya que el otro día destacaba la cualidad economizadora a la hora de comprar nuevos PCs de los jóvenes hoy quiero comentar lo que hacen muchos de sus padres que también son parcos en su relación con los ordenadores, el hardware y el software; pero en este caso la austeridad incluso tiene que ver con el cariño y la personalización de las cosas

Hoy me voy a centrar en clientes de mediana edad y sus sistemas informáticos. Pero dejo para otro día el asunto de los padres que siembran la semilla del hijo ahorrador del futuro.

Vamos al tema. Hay muchos clientes que tienen una noción del tiempo distorsionada (ya comentado otras veces) según el dispositivo o bien material en el que piensen. Es decir, si hablan de motos, coches, bicicletas, televisiones, abrigos, vestidos… algo que tiene más de dos años les parece ya antediluviano. Sin embargo, un PC de 10 años es moderno y joven. Es una percepción de la que hablaré también otro día en el blog, pero da lugar a situaciones absurdas donde un supuesto ahorro genera luego un derroche de tiempo y energía no compensable… pero que la ceguera temporal de estos clientes les oculta.

Como otras veces algunos ejemplos pueden mostrarnos lo que quiero decir:

  • La madre que cuidaba su PC como a un hijo: hace un mes nos llaman por teléfono muy de mañana, un par de horas antes de abrir la tienda. Como estábamos liados en el taller con los PCs de Navidad y esperábamos muchos transportes contestamos el teléfono pensando que podía ser alguna agencia para avisarnos de una envío. Resulta que era una antigua cliente. Nos dice que es muy urgente, que tiene esta tarde una videoconferencia a la que no puede faltar y el PC que le reparamos unos meses atrás le estaba fallando. Viendo el panorama le decimos que nos traiga el equipo y se lo miramos. A la hora de abrir la tienda estaba ya en la puerta. Viene acompañada por una torre de PC. Al mirarla por un instante creo que es un error y que es un equipo nuevo. Se trata de un equipo con un diseño intemporal con una pintura oscura muy brillante que contrasta con unos paneles cromados en el frontal. Pero mi fijo más y comprueba que lleva una pegatina de Windows XP y que va equipado con un Intel Pentium D. Así que tirando de memoria estoy antes un PC con 15 años de uso. El cliente nos vuelve a recordar que le cambiamos el disco hace una meses: ¿Le pusimos un SSD entonces? Pero nos contesta que no. Así que me mosqueo un poco. No recuerdo reparación de un par de años a esta parte donde por avería de disco no montásemos un disco mecánico. Así que me voy al programa de gestión de averías… y compruebo que la reparación se hizo en el año 2.014… hacía seis años. Un ejemplo de error de percepción de unidades de medida del tiempo aplicadas a un objeto que se cree inmortal como el PC, confusión de meses en años. Resumo para que esto no sea un ladrillo ilegible. El PC según el cliente tardaba varios minutos en arrancar (en esta situación la medición del tiempo era correcta por la clienta) le preguntó a un amigo y éste le aconsejo cortar por lo sano: desconectaba el cable de alimentación. Entonces aparecía un error de disco duro y hacía un CHKDSK el sistema reconocía varios errores, le daba a reparar y arrancaba más rápido (no entendió que el arranque era igual de lento o más con el sistema de sacar el cable de alimentación, a veces me gustaría que algún médico estudiase estos fenómenos del cerebro de la gente…) Pero que ayer por la noche al hacer de nuevo lo del cable y tras pasar el CHKDSK el PC no arrancaba. Al final le cambiamos la fuente de alimentación y el disco duro. Le ofrecimos un PC nuevo o un PC de segunda mano (precio casi el mismo que el de la reparación). Pero nos decía que no le hacía falta que este equipo todavía tenía poco tiempo y debía durarle algunos años (o décadas en el campo temporal modificado de su casa). En el taller los compañeros se hacían cruces pensando con qué productos lo limpiaba. La pintura brillaba mucho más que nueva parecía que tuviese una patina protectora. El PC lo dejamos reparado y la clienta se fue tan contenta. Nos quedamos con las ganas de ver la WebCam… porque si iba con XP también sería una pieza de museo.
  • El portátil que había vivido en las estanterías: hace unas semanas nos dejaron un portátil en la tienda. El cliente nos había llamado antes. Nos comentó que un amigo suyo nos había comprado un portátil nuevo y que comparándolo con el suyo había visto que el de su amigo era más veloz. Nos dijo que tenía un portátil comprado hacía tres años y quería mejorarlo. Le indicamos que poniendo un disco SSD y si pudiésemos subirle la RAM lo notaría. Nos trajo el portátil unos días después. Le abrimos la ficha de reparación y le dijimos que le pasaríamos el presupuesto el día siguiente, nos pilló esa día con el taller lleno hasta arriba. Al día siguiente mi socio llama al cliente (tenían un amigo común que lo había llamado para interesarse) y le dice que sin problemas, que según el tamaño del disco que quisiera el presupuesto tenía varios precios… pero que a partir de 80 Euros lo tenía resuelto. Mientras hablaba tenía el portátil en la mano. Lo miré y vi una pegatina de color morado debajo del mismo. Eso despertó una pequeña alarma en mi interior. Le dije que parece un momento: “Arráncalo y comprueba el hardware… ese portátil venía de serie con Windows 8, no puede tener dos años”. Mi socio le dice al cliente que lo llamará más tarde. Arrancamos el portátil y era un Celeron de octava generación (el más bajo de gama) con dos gigas de Ram soldada en placa (no se podía aumentar) y tardaba una eternidad en ponerse en marcha. El portátil lo habían comprado hacía dos años pero había estado como mínimo 3 o 4 años en las estanterías del centro comercial donde lo habían adquirido. Así que le dijimos al cliente que no valía la pena instalar el SSD. Ya habíamos hecho ese cambio en portátiles con hardware parecido y no se notaba apenas la mejora. El cliente decía que solo tenía dos años que no era posible que ya no se pudiese mejorar. Aquí tenemos un ejemplo de padre ahorrador en el momento de la compra: adquiere lo más barato que encuentra… aunque resulte un equipo apenas usable. Eso sí si alguien quiere hacer un patrón de conducta el portátil brillaba igual o más que el PC del que hablé antes. Externamente el equipo parecía sin estrenar.
  • Si el software no cuesta nada: vamos a cambiar de tercio e irnos ahora a los programas donde parece que ahorrar es más fácil que con el hardware. Hace un par de años vendemos un portátil y un fijo a un cliente. El portátil para el hijo (equipo gamer potente) y para el padre el portátil para trabajar. Nos dicen que les hará falta el Microsoft Office. Le instalamos el OpenOffice y les pasamos precio de la suscripción del Office 365. Como tenían un tercer PC en casa les costaría 30 Euros al año y además tendrían el extra del tera de Onedrive. Nos dice que no, que lo ven caro. Cuatro meses después el cliente viene con el portátil porque va muy, muy lento. Además cuando hace búsquedas en Google le salen resultados en otros idiomas. Revisamos el equipo y comprobamos que tiene instalado el Office 2016 sin licencia. En su lugar un programa para engañar a la protección de Microsoft que se carga en el arranque. Eliminamos ese software y el Office 2016. Pasamos el antimalware y ni os cuento lo que detectamos. Al final le pasamos la factura de la reparación: superior al coste de la licencia del Office 365.
    Un mes después vuelven a la tienda. Esta vez el afectado es el PC gamer del hijo. Mismos síntomas, mismo problema. La solución la misma y el coste pues parecido. Seguimos ahorrando.
    Tres meses más tarde vienen a la tienda con los dos portátiles, el nuevo y el que ya tenían. Siento repetirme, pero otra vez un Office 2016 con su crack instalado que había servido de caballo de Troya para que otros softwares maliciosos se instalasen en el PC. Con estas reparaciones ya se habían gastado más que con la compra de la licencia del 365 legal… y todavía no había pasado el año. Nos dicen que se lo van a pensar.
    Medio año después tienen el mismo problema. Pero al revisar los PCs comprobamos una novedad. Ahora tenían un antivirus y un antimalware sin licencia instalados. Al final tenían la infección tan profunda que tuvimos que formatear y reinstalar de cero.
    ¿Cómo siguen? Pues igual. Padres ahorradores en el software que no computan como gasto de software la limpieza de los PCs. En este caso además agravado porque el Office les hacía falta a los padres para desarrollar su actividad empresarial. Pero en ocasiones cuesta mucho darse cuenta del precio y el coste de las cosas.

En resumen, muchas veces lo que parece un ahorro, al final es un gasto superior. Mantener en uso un PC más allá de su vida útil (y con software sin soporte desde hace más de un lustro) al final es un gasto de tiempo, cosas que no se pueden hacer con el PC y con peligro constante de muerte instantánea en cualquier momento.

Comprar lo más barato que hay en la tienda puede no ser muy buena idea si de verdad se necesita un sistema informático. Y si además no se comprueba si se puede actualizar la cosa empeora.

Y las licencias de software privativo (y el libre en muchas ocasiones, que libre no es gratis) tienen un coste. Pero que el tener el software sin licencia legal con muchos programas en esta era de la hiperconectividad puede acarrear también más gastos (no solo en reparaciones, sino también buscando el programa, el crack, instalándolos, configurándolos) que el coste de la licencia.

Para otro día más cosas relacionadas con estos temas, que por hoy creo que si has llegado hasta aquí ya es bastante…

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