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La xarxa o red de libros: políticas pretéritas y malas soluciones

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Como casi todos estos últimos años llega septiembre y toca entrada sobre los libros de texto. Esta vez quiero comentar una iniciativa de la Comunidad Autónoma de Valencia donde vivo: la xarxa o red de libros.

Xarxa libros

El año pasado la Comunidad inició este programa. Para los que leáis esto y no seáis de nuestra comunidad os lo resumo. La Administración nos pagaba el importe de la compra de los libros del curso 2015-2016 (de momento solo hemos cobrado la mitad) y nos comprometíamos a entregar los libros en los colegios para que se reaprovechasen al año siguiente.

Sobre el papel la idea es buena. Pago un año los libros, los entrego a una banco de libros y cada año me los van prestando. La Administración solo debería hacer frente a los imprevistos o al cabo de varios ciclos de préstamos a la sustitución. Como siempre muchos agujeros en la idea. Pero no voy a hablar de como controlar si alguien entrega los libros en buen estado, si solicitamos una fianza a los que se lleven libros, que hacemos con los que no entraron en la primera fase y no entregaron sus libros. Yo voy más a la filosofía de la medida.

Si se deseaba ahorra en libros dos medidas sencillas y fáciles de adoptar si de verdad eres quien mandas en el tema:

  1. Congelación de los libros durante un lustro como mínimo: no permitir cambiar los libros en cinco años. La única manera de que la idea del banco de libros sirva para algo. Por supuesto no se ha hecho y ahora en los colegios se amontonan miles de libros del año pasado que se supone que este año no sirven: tal vez se haya descubierto un nuevo continente, tengamos palabras nuevas en inglés o una nueva operación básica en matemáticas…
  2. La mejor, eliminar los libros de texto tal y como se conocen hoy en día. Los libros si se necesitan se deberían crear como ficheros digitales con licencias libres. Si la administración no los crea, puede pagar por su elaboración. Pero es mucho más barato que imprimir, distribuir… y una vez creados no se destruyen. Y esos ficheros informáticos se ponen  a disposición de los estudiantes. Estos deciden si los cargan en una tableta, en un portátil, si los imprimen en casa, si los llevan a una copistería y los imprimen allí.

Pero como siempre hay cosas que por muy moderno que uno quiera parecer no se quiere tocar. Y parece que la industria de los libros de texto en papel es una de esas que tienen bula y es intocable. Menos mal que no empezaron con las tabletas en arcilla, sino necesitaríamos carros en lugar mochilas para ir al cole

 

 

 

 

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6 Comentarios

  1. fitozg

    2 septiembre 2016 en 11:42 am

    En Andalucía existe el “Cheque Libro”, cada año se renuevan los libros de algunos cursos para lo cual a los nuevos alumnos se les entrega una hoja que llevan a la librería para reservarlos y que se los entreguen, costeando su precio la Junta de Andalucía.

    Los libros, una vez finalizado el curso, se quedan en los colegios o institutos y se prestan durante el curso siguiente a otros alumnos. De esta forma los mismos libros sirven para varios años, no recuerdo el ciclo que puedan tener pero sí conozco casos en que los libros se han mantenidos unos 4 años.

    El problema de los libros digitales es que los padres no quieren gastarse dinero en comprarles tabletas a los niños y estos últimos no tienen mucho cuidado con lo que reciben, anda que no habré visto mini portátiles de la Junta destrozados y con los niños usándolos para todo menos para estudiar, sin hablar de aquellos que lo primero que hicieron fue borrar Guadalinex e instalar el Windows pirata.

  2. Muchapicha

    2 septiembre 2016 en 5:39 pm

    El punto 1 es buena idea, de hecho no es así por intereses del lobby; el punto 2 absolutamente NO es una buena idea.

    A pesar de que como tendero te interese dicho punto (el negocio es el negocio), tienes que coincidir en que si ya es dificil que un niño abra un libro y se ponga a estudiar, si le pones un tableta en la mano…

    • Alfredo

      2 septiembre 2016 en 7:27 pm

      Totalmente de acuerdo contigo.
      ¿Tabletas a niños de EGB (o como se llame ahora)? Me encantaría porque tendría mucho trabajo, no vendiendo sino quitando virus, cambiando pantallas rotas, limpiando espacio del disco interno, quitando aplicaciones, sacando trozos de goma de la ranura miniUSB…
      Sí, se puede sacar un modelo especial para estudiantes supercapado para que no puedan instalar cosas pero tendría dos problemas: la concesión de ese modelo específico se la quedaría el primo del hermano del cuñado del ministro de educación (o equivalente autonómico) y sería una birria cara sin suficientes unidades para todos; y ¿qué niño quiere una tablet en la que no pueda poner el Pokemon Go o la última lintera láser superguay?

    • Guillermo

      3 septiembre 2016 en 1:50 pm

      En el punto 2 menciona la opción de imprimir esos contenidos, que me parece la mejor opción a ciertas edades. Aparte puedes ir imprimiendo por lecciones, para llevar menos peso.

  3. Joserra

    5 septiembre 2016 en 7:56 am

    En Bilbao, a una compañera de trabajo que tiene dos hijas, le dicen en el cole que van a informatizar las aulas (punto 2 que tú sugieres), pero lo chulo viene ahora: Ella tiene que comprar un miniportátil al colegio, con todos los libros cargados,al precio que el colegio quiera (carísimo). Los libros digitales no los venden sueltos. Tiene que ser, sí o sí, el pack que ellos le venden, aunque ella ya tenga portátiles de sobra, o prefiera comprar uno que le guste. Uno para cada una, claro, y no le aseguran que el miniportatil le siga valiendo para el curso que viene. Lo que me parece ya el colmo del absurdo. Al final salen más caros los libros electrónicos, que los de papel.

    • Charlie Brown

      21 septiembre 2016 en 1:24 am

      No salen más caros los libros electrónicos, si no los chorizos que gobiernan e imponen esas reglas absurdas…

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